
El 9 de febrero se cumplieron 40 años del concierto homenaje a Canito, componente del grupo Tos. Aquella reunión de grupos poperos de pelajes musicales varios es tenida como acontecimiento catalizador de la movida; primero madrileña y luego de todos los sitios. La movida, sinécdoque de una época (qué peligrosas resultan las metonimias), revive con nostalgia en la memoria de quienes vivieron despreocupados y desprejuiciados un tiempo de pretenciosas levedades que anticiparon muchas ligerezas de hoy.
A la cita no ha faltado el periodista Víctor Lenore, que en su estupendo “Espectros de la movida” propina a la memoria oficial un meneo de aquí te espero; una visión provocadora y libérrima, fuera por tanto del carril habitual, sobre una época mitificad y mistificada. Amén de análisis cualitativos, sostiene que los poderes políticos, y en particular el PSOE, utilizaron aquel movimiento en propio beneficio, como adormidera de conciencias en una época con muchas más sombras de las que pretende el recuerdo festivalero. Porque también fueron “tiempos convulsos”, en expresión sobada y cursi que no deja de ser una tautología. ¿Hay acaso alguna época fácil?
El contracampo de la foto de la hipermodernidad a pasos acelerados retrata paro galopante, droga, una dura reconversión industrial o terrorismo.
Parte de este trasfondo, sin olvidar libertad, creatividad y vitalidad, conforma el paisaje vital de “Foto Movida”, de Miguel Mena. El periodista aragonés construye un relato con una de aquellas pandillas que se soñaron parte protagonista del cambio de un país a rasgueo de guitarra y nocturnancia de riesgo y del inspector Mainar, taciturno y eficaz, que investiga una muerte por sobredosis en un garito de referencia en la movida.
Culmina “Foto movida” una trilogía ochentera con el mismo agente, un poli cercano y cabal, alejado de los vicios y sobreactuaciones tan habituales en el género, que investiga el secuestro de un miembro del equipo técnico de ese exotismo que fue Nueva Zelanda en el mundial de Naranjito (“Todas las miradas del mundo”) y el secuestro de Quini (“Días sin tregua”). Historias tan sólidas como desnudas de aspavientos.
El texto fue publicado en Diario del Altoaragón en febrero de 2019. Lo recupero horas después de que Miguel Mena y Anómina llenen el Salón Azul del Círculo Oscense (Huesca) para presentar «Los chicos de provincias somos así«, una historia de Mestizos, un grupo que perdió el mito de la movida pero ha ganado el prestigio de la historia de la música española. La obra va del grupo y su contexto cultural y social y es, desde luego, otra foto de aquellos años; aquella de ficción, esta de relato veraz.








